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"Estar fuera de lugar no supone una incomodidad"
Transversal y transgresor. Lo ecléctico deja ya de ser excepcional, sin dejar de ser sorprendente, para convertirse en norma en Kevin Johansen. La amplitud del abanico estilístico de este conspirador de un folclore con rostro urbano ha dado ahora como resultado, City Zen,
su tercer disco. Y es que en las 19 piezas que incluye el último álbum
del músico argentino, que nació en Alaska (Estados Unidos) -de padre
norteamericano y madre argentina-, dan para mucho. Desde una rumba
porteña con aire de milonga, funky con chacarera, cumbia bilingüe,
poesía hablada, pop, bolero, tango, entre otras mezclas. Un disco que
tiene que ver con "aguantar la turbulencia de la ciudad, donde la
música siempre está presente, como el zen, que ayuda a relajarte dentro
de la locura diaria".
Pregunta. Ha pasado de cantante de culto a intérprete popular. ¿Qué retos supone City zen?
Respuesta. Nunca fui elitista ni esnob. Creo en la canción popular con calidad, con calidez y que alcance a mucha gente.
P. ¿Hacia dónde se mueve con este disco?
R. Es el disco que quizá hace más hincapié en las letras; un intento de sorprender al oyente.
P. El álbum incluye un poema hablado, Volutas de humo...
R. Es de Salvador Ángel Molinari, un chófer que me contó su
historia: fumaba cuatro cajas de cigarrillos por día porque perdió un
negocio, y lo salvó empezar a bailar en las milongas. Mientras bailaba
un tango con una sueca se dio cuenta de que le faltaba el aire. Dejó de
fumar y compuso esa poesía al cigarrillo.
P. En City zen abundan los homenajes, al igual que en su anterior disco, Sur o no sur.
R. Hay artistas que tienen tanto de marcas registradas que son
ineludibles. En la canción Atahualpa, you funky lo que intento es jugar
con el funky y la chacarera -un ritmo folclórico de Argentina- para
encontrar un guiño rítmico. En Oops hay un homenaje a Les Luthiers;
Desde que te perdí es un homenaje a Albert Pla, por ejemplo. Se trata
de empezar con una frase aparentemente desopilante, que luego tiene
sentido.
P. ¿Deconstruir para reconstruir?
R. Algo así. Le llamo homenaje cargado, una especie de burla y
homenaje a la vez. Es una forma de marcar esa personalidad de manera
grotesca, pero a la vez es un reconocimiento a la influencia que tiene
esa persona en la música.
P. ¿Es nostálgico?
R. No soy nostálgico. Tengo una melancolía irónica.
P. ¿ La canción El incomprendido es un retrato de su generación?
R. Sí. Es como sentirse el perdedor, que en alguna ocasión me he
sentido así. Pero lo miro desde afuera para desdramatizar, para no
sentirme el único.
P. ¿Definitivamente se establece en Argentina?
R. Se hace mucho hincapié en que he viajado mucho, pero ha sido
involuntario. El hecho de estar arriba del autobús, en la portada del
disco -City zen-, es una especie de desubicación, incluso física. La
sensación de estar fuera de lugar.
P. ¿Se siente fuera de lugar?
R. Sí, pero no es una incomodidad. Quizá, tantas mudanzas te convierten en un voyeur.
P. Milongas, bachatas, rock, pop, habaneras, jazz... ¿Qué género le domina?
R. No creo en los géneros mayores o menores. La búsqueda en la
música parte por sorprenderse a uno mismo, y si no lo haces no
sorprenderás a nadie.
P. Se dice de usted que es un tipo degenerado, heterodoxo, desarraigado, irónico, excéntrico, surrealista. ¿Quién es realmente?
R. Me gusta mucho lo que decía un periódico argentino, que soy
un músico argentino nacido en Alaska. Disfruto conectando con la gente
a través de la música y del trabajo de componer canciones. Creo que la
canción es un género en sí misma. Yo soy muy titulero; el título es la
síntesis de la síntesis de lo que quieres contar.
P. ¿Se podría decir que es un tipo feliz?
R. Lo intento. Tengo momentos de felicidad. Mi naturaleza es bastante campechana. Obviamente, la procesión va por dentro.
KENNY CABRERA
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