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Ante todo, mucha calma
Kevin Johansen pasea la relajación transcultural de ‘City zen’ en Bikini
El nuevo disco de Kevin Johansen, City zen, entra suave, con una
guitarra que se abre paso sobre un fondo de ruidos urbanos. Y en la
portada, este argentino nacido en Alaska aparece en postura de
meditación sobre el techo de un autobús de Buenos Aires. ¿Mensaje? Take
it easy, que decía Jackson Browne. Calma y relax.
Johansen da un paso más en su universo inteligente: ironiza con las
patologías posmodernas y juega, con conocimiento de causa, a ciudadano
cosmopolita con aversión natural a la tragedia. En su mundo, todo es
fácil o, al menos, lo parece. Las músicas vienen y van: milonga y
samba, bossanova y funk, cumbia y un espíritu pop que conoció sus
límites durante la residencia del personaje en Nueva York, con parada
en la Knitting Factory. No siguió la estela vanguardista al pie de la
letra, pero aprendió que, en el música, no hay que temer los cambios.
Exuberante y discreto
Los discos Sur o no sur y The nada divulgaron en este lado del
Atlántico sus músicas inquietas y panamericanas, siempre dotadas de un
aire casual aunque trazadas con precisión y con buenos colaboradores
(como el batería Zurdo Roizner, excolaborador de Jobim y Toquinho).
Ahora, City zen, que trae mañana a Bikini (y el domingo al Casino de
Vic), llega un poco más lejos aún en sus osadías transculturales,
siempre justificadas por canciones sensibles y certeras, como Desde que
te perdí (que Johansen dedica a Albert Pla), Oops, Volutas de humo...
Y, esta vez, con el oscarizado
Jorge Drexler y Vicentico (ex-Los Fabulosos Cadillacs) sumándose al
club. Resultado: un disco a la vez exuberante y discreto, como toda la
obra de Kevin Johansen. Si, encima, sirve para combatir el estrés, sus
virtudes son rotundas.
JORDI BIANCIOTTO
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