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Guacamole, nena
KEVIN JOHANSEN ofreció en Cartagena un recital delirante de canciones de amor y desamor sazonadas con estilos populares.
Sencillamente apabullante y divertido, KEVIN JOHANSEN desbordó con una
mezcla que resulto original. Pertenece a esa serie de perversos genios
imprevisibles que hacen posible la quimera demostrar relieves distintos
de la música convencional.
JOHANSEN es un músico inclasificable, nómada cultural, muestra viva y
mestiza de la diversidad del continente americano. Ofrece una insólita
mezcla de estilos, lenguajes e idiomas musicales y semánticas. Y lo
mejor de todo es que le sale de forma natural
.
Fue camarero de hotel y portero de una milonga en Nueva York, hasta que
Hilly Krystol, dueño del legendario club neoyorquino CBGB, se fijo en
el. Allí descubrió lo norteamericano que se sentía y lo sudamericano
que era.
Sin embargo, su despegue no se produce hasta el año pasado, cuando una
canción Down with my baby, una pieza de soul erótico y guitarras
grunges (que el mismo describe como Barry White meets Nirvana),
apareció en un culebron de gran audiencia en la TV argentina. Y ahora
esta nominado a los Grammys latinos.
La cosa no pasaría de ahí sino fuera porque J es un músico talentoso,
un cantautor que hulle de las etiquetas e inventa otras nuevas que
responden a su deseo de mezclar: (la tangomana) es milonga hall,
(go-on) es zydeco rush, (sur o no sur) es popklore.
Se mueve como pez en el agua por eclecticismo. Mezcla todo lo
tradicional y lo moderno con actitud pop: si hace tango, tiene un toque
de cumbia, su salsa huele a reggae, y escribe canciones extrañas con
letras inventivas y pegadizas, que, lejos de ser sombrías hacen ver que
no se toma ha si mismo demasiado en serio.
El problema del humor es que nadie se lo toma con seriedad; esa sita de
Mark Twain aparece en su disco Sur o no Sur, paráfrasis del dilema
hamletiano, seguramente mas próxima a Lubistsh que a Shakespeare.
Su música resume perfectamente los sonidos de las grandes ciudades
multicolores. Canciones de amor, desamor y humor, sazonadas con estilos
(populares) como la cumbia o el country, en apariencias sencillas, pero
en realidad agudas e inteligentes, como cortometrajes en los que
establece un puente entre el norte y el sur del continente americano.
Prima la idea de canción sobre la de genero (él se considera un
desgenerado). Recuerda al cosmopolitismo de los tropicalistas
brasileños.
Canta en español, ingles y spanglish. Guacamole que fue su primer hit,
es un buen ejemplo, y una canción que anima cualquier fiesta. Por que
ante todo es un canta autor divertido con un desparpajo casi
surrealista, que en directo hace disfrutar de lo lindo. Contagia
espirito positivo, como Byrne o Manu Chau, el quizás sea mas una
especie de Beck austral. Se delata cuando dice que es un looser. Tiene
un corazón tierno y no le importa mostrarlo.
Bromeo con los fotógrafos sobre su lado bueno (como Julio Iglesias). A
fin de cuentas, vanidad es inseguridad, dijo. Acompañado por un grupo
eficaz de cinco músicos argentinos (Flauta y saxo, percusión, guitarra,
bajo y charango, y el veterano baterista Surdo Roizner, que trabajo con
Piazzolla y Viniciuos de Moraes), JOHANSEN ofreció un show delirante
con canciones muy diversas. Fue sicodélico con un banjo que sonaba como
un sitar en Hindue Blues, toco el xilófono en Chill out James, dedicada
a (James Brown); se quedo solo con el guitarrista para versionar a
Gainsbourg en La Chamsom de Prevert; trasmuto el Hotel California de
los Eagles en Hotel Patagonia; e hizo un son de comienzo rapeado en No
me abandones. Se mostró ácido en Che Donalds por la manipulación
comercial de la imagen del Che, y se despidió con una cumbia flamenca
titulada la procesión.
JOHANSEN es de lo mejor de la música argentina que ha salido en los
últimos años. Impuro RNR, but me like it. Mas Guacamole, por favor.
Ángel H. Sopena
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