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City tour a la Johansen
Recital de Kevin Johansen.
Presentación del disco "City Zen". Johansen (voz, guitarra,
glockenspiel y cencerro a pedal), Enrique Roizner (batería), Juan
Alvarez (bajo y coros), Sebastián Massolo (guitarra), Andrés Reborati
(saxo y flauta), Lucas Espina (percusión), Maximiliano Padín (charango,
guitarra y cavaquinho), Julián Hasse (bandoneón), Nicolás Said (saxo),
Luciana Godoy (coros), Emilio Bertolini (tablas), Mariano Massolo
(armónica), Eduardo Prado (clarinete). Invitados: Daniel Buira
(percusión), Gilespi (trompeta), Axel Krygier (teclados), Beata
Soderberg (violoncello), Javier Tenembaum y Oski Amante (bombo).
Anteayer, en el teatro Opera.
Canciones grabadas en un par
de discos que editó en la Argentina hace algunos años y las de la
flamante producción discográfica que acaba de publicar. Así construyó
Kevin Johansen el muy equilibrado repertorio que, por estos días,
durante un recital de más de dos horas y media se puede disfrutar en el
teatro Opera.
Entre lo conocido y lo nuevo, hay una banda numerosa y muchos invitados
(llegan a ser 16 músicos sobre el escenario al momento de los bises) y
más de treinta títulos, la mayoría incluidos en los álbumes "The Nada",
"Sur o no Sur" y en el reciente "City Zen".
Del primero, disco variopinto donde los estilos se licuan, aparece el
Che Guevara de las remeras o la carne con "frijole". El segundo es un
álbum para el que Johansen fue muchos más sagaz con las letras y sutil
con las músicas. De éste suenan temas como "Sur o no Sur"; la anécdota
de una salida nocturna descripta en "Cumbiera intelectual" que dejaría
perplejo a más de uno; "Daisy", que provocaría la misma sensación,
aunque por motivos muy distintos; "Timing", con todo su clima jazzy; y
"Down with my Baby", esa que ( entre tantas sorpresas del CD) se hizo
conocida gracias a la tira televisiva "Resistiré".
"City Zen" no trae sorpresas. Claro que, después de varios discos,
pretenderlas para cada track sería un intento de cambiar el oficio de
músico por el de mago. Este disco tiene canciones, algunas más logradas
que otras. Ofrece gestos y guiños de placas anteriores (el "Chill Out
James" de hace un par de años hoy podría ser el "Atahualpa You
Funky!"), pero en general el CD está destinado a la canción. Figura la
historia del perdedor en "El palomo", la del ganador en "Desde que te
perdí" y la del tortolito en "No voy a ser yo". Sin embargo, en la
variedad también se escucha "Everything is (falling into place)", que
esconde algo de su juego Zen.
Con todo esto, que no es poco, el cantante y compositor alasqueño de
nacimiento y argentino por opción arma su recital. Cuenta con muchos
músicos en escena, pero ninguno sobra. Quizá por eso sea que la
sonoridad de Johansen se consigue con esa percusión que asusta a la
vista pero golpea lo justo, con guitarras de efectos buscados, con los
parches de la batería de Enrique Roizner que pueden sonar naturales y
levemente retro, con una sección de vientos que actúa con espíritu de
cuerpo y la personalidad de cada músico. Y con los invitados que dejan
su contribución.
Una vez adquirido ese sonido propio se puede salir en plan de city tour
musical. A este músico le gusta la cumbia, por eso aquí conviven varias
de sus formas: las cargadas en la instrumentación, las "intelectuales",
las andinas glam -según la definición del autor- o las cercanas al
estilo de los Wawancó.
Hay un tema llamado "All I Wanna Do is You", que no se debe confundir
con el hit de Sheryl Crow. Hay una parodia de club tanguero y motivos
milongueros en "La tangomaná". Un bolerito con estribillo de
onomatopeya ("Oops") y toques rumberos en "No me abandones". Hay tiempo
para temas de Caetano Veloso y Culture Club; más tarde, un final con
bises a toda orquesta y palmas que marca el público. Y un amago de
final con "Guacamole", ese que solía poner a la audiencia de pie y que
ahora la mantiene atenta sin despegarse de las butacas. ¿Será porque
Johansen dejó de llamar la atención y ahora es buen momento para
empezar a prestarle atención?
Mauro Apicella
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