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Recital del guitarrista, cantante y compositor Kevin Johansen.
Con Enrique Roizner (batería), Juan Alvarez (bajo), Andrés Reboratti
(saxo, flauta y glockenspiel), Nicolás Said (saxo y flauta), Sebastián
Massolo (guitarra eléctrica), Maximiliano Padín (charangos, cavaquinho
y guitarra acústica), Lucas Espina (percusión). Invitados: Pedro Onetto
(acordeón y piano), Alejandro Terán (dirección de grupo de cuerdas), La
Chilinga (bloque de percusión), Paulinho Moska (guitarra y voz) y
Vanessa da Mata con su grupo (show de apertura). El sábado, en el
teatro Coliseo. Próxima función: sábado 10, a las 21.30.
Nuestra opinión: muy bueno
evin Johansen dejó pasar un par de meses entre la salida de su último disco, Logo
, y la presentación en vivo de las canciones de ese álbum. Durante ese
tiempo tuvo oportunidades para darle algunas vueltas (sobre todo en
charlas periodísticas) a la idea del título del CD. Pero lo cierto es
que Johansen no se dedica (al menos hasta el momento) a los discos
conceptuales, sino a los de canciones. Y excepto por el tema que da
título a la placa, en este disco, como en los anteriores, sus
repertorios pueden abarcar los temas más variados con humor, con
ironía, con simpleza o con múltiples lecturas. Ya lo dijo el último
viernes, durante la presentación del disco: "Toda canción es un viaje".
Aunque en ese momento se refiriera particularmente a "Road Movie",
relacionada, justamente, con un largo periplo rutero por los Estados
Unidos.
Más allá de que en el recital lo primero escuchado fueron, en
su mayoría, los temas del estreno discográfico (casi en el mismo orden
que aparecen en el CD) y luego el resto del repertorio que el músico
tiene en su haber, las canciones de Johansen (las nuevas y las viejas)
podrían formar parte de un único y extenso disco.
Ese único material debería estar integrado por los cuatro volúmenes que este compositor tiene publicados en nuestro país ( The Nada , Sur o no sur , City Zen y Logo
). Entre todo eso habrá canciones más o menos ingeniosas, graciosas,
irónicas, absurdas o románticas. Pero todas con su propia historia.
Porque hoy, como ayer, Johansen podrá volver por ciertos tópicos y
ciertas resoluciones musicales, pero sin repetir el contenido.
Y lo bueno es que cuenta con su banda, siempre numerosa en
cantidad de integrantes, para respaldarlo y devolverle un sonido que
tiene matices y personalidad. De a poco, a medida que aparecieron las
canciones en el recital que armó para su nuevo espectáculo (es el que
repetirá el próximo sábado, en la misma sala) se fueron agregando
nuevas sonoridades, pequeñas variaciones que hacen un buen aporte al
conjunto. Primero bandoneón, después acordeón; primero los saxos, luego
las flautas; primero el charango, luego el cavaquinho, o las guitarras
y más tarde un cuarteto de cuerdas, o la batería de Enrique Roizner y
un bloque de percusión del grupo La Chilinga.
La primera función de este espectáculo contó con invitados,
entre ellos el brasileño Paulinho Moska, que de tanto actuar en nuestro
país con amigos como Johansen o Drexler ya casi juega de local. Y a
modo de grupo soporte estuvo la cantante, también brasileña, Vanesa da
Mata. Ofreció un set breve pero muy contundente, acompañada por un
poderoso trío que terminó con un cover de Caetano Veloso.
Pero volvamos a Johansen. Si se escribió en anteriores
párrafos que con todo su repertorio se puede armar un extenso disco es
porque puede echar manos de aquí y de allá y logra concretar un
recorrido fluido con buenos y variados momentos. Puede juntar dos
canciones de melodías pegadizas y agradables ("Anoche soñé contigo" y
"Puerto Madero"), conectar lo milonguero y candombero, recurrir a la
cumbia, que siempre ataca con sorna, y despedirse en un clima que se
torna pachanguero.
Claro, cada canción es un viaje. Los recitales también lo son.
Y hay muchas maneras de hacerlo: a toda velocidad, con muchas paradas,
en un vehículo cómodo o en uno incómodo. Los viajes (sí, los recitales)
de Johansen suelen ser muy agradables, entretenidos, con novedades. Y
éste, en el que presentó su nuevo disco, no fue la excepción.
Mauro Apicella
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