18/10/2005 - LA VANGUARDIA - ESPAÑA
De punta a punta

KEVIN JOHANSEN & THE NADA
Lugar y fecha: Bikini (15/10/2005)

Kevin Johansen se llama así porque su señor padre es o era norteamericano. Nació en Alaska, y a los 12 años se fue a vivir al país de su mamá: Argentina. Desde el 2000, desarrolla una carrera a solas que por ahora se ha envasado en tres álbumes. En Bikini empezó con City Zen, tema que da título a su último y muy recomendable disco.

El temprano periplo vital que le llevó de una punta a otra de las Américas, siendo aún un tierno infante, parece haber marcado a Johansen, quien se expresa indistintamente en el idioma del Lute y en el de Charles Manson. Lo cual no supone problema ni para él ni para la audiencia, hecho sobre el que el reverendo Ibarra no se ha pronunciado. Rozando alguna inconstitucionalidad, el tipo hasta sabe una tercera lengua, la francesa.

El sábado noche cantó Les feuilles mortes sin que nadie se quejara. Muy al contrario, la masa treintañera allí presente lo agradeció. Como también se aprecia la casi orgiástica mezcolanza estilística que supone un concierto de un hombre capaz de acrobacias tan remarcables como ensayar una síntesis entre Johnny Cash y Lou Reed (All I wanna do). Y toma blues (Go on), pop de Liverpool por chacarera (We can work it out), milonga pelín disco (La tangómana), tango de carpa (El incomprendido). Y toma cumbia y samba. Esta propuesta no tiene nada que ver con los mestizajes y multiculturalismos de pacotilla con que tanto músico mediocre pretende tapar sus vergüenzas. La misma arquitectura de las canciones y las virtudes de un septeto en el que formaban varios multiinstrumentistas son de notable solvencia. Remarcable también la poética de unos temas de afortunada escritura. Óigase McGuevara’s o CheDonald’s, condena de la putrefacta comercialización del careto guerrillero que le lleva a exclamar: “Todos se compran la remerita del Che / sin saber quién fue”. O reóigase Desde que te perdí, una tierna (y no sé si optimista) mirada a la fatalidad amorosa, que estampó sonrisas de felicidad y ojos de tristeza entre el personal.

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