05/03/2005 - LOS INROCKUPTIBLES
Ciudadano Kevin

Después de vender miles de discos con Sur o no Sur, Kevin Johansen vuelve a la carga con City Zen, un disco multifacético que se debate entre una oscuridad irónica y la voracidad musical de un cantautor comprometido con la canción en todas sus variantes. Lo presenta en vivo este mes.

Con un record de mudanzas y un pasaporte repleto de visados, KJ sigue apostando por la identidad del músico amable. En menos de tres años paso del Club del Vino a llenar grandes teatros y vender miles de discos: su segundo trabajo Sur o no Sur (2002), ya lleva mas de 20 mil unidades vendidas, una escalada sin precedentes para un cantautor fascinado por la mezcla de idiomas y estilos. Humor, juegos de palabras y géneros que se conjugan como en un jukebox de frontera advierten sobre el mundo heterogéneo de un músico aceptado y discutido por igual. Entre tanto, sus composiciones en ingles o en castellano, muestran un síntoma que enaltece a la canción por encima de sus credenciales de género.

En un lugar indefinido dentro del panorama musical argentino, demasiado escurridizo para el rock y bastante ecléctico para los géneros populares, Johansen se sube al colectivo 60 y desde esa posición de Marco Polo porteño lanza su manual de supervivencia ciudadana. City Zen, su tercer trabajo, lo encuentra más oscuro, aunque siga manejando una “bonhomía” envidiable.

ENTREVISTA

¿Sos tan amable como pareces?
Kevin Johansen: Sí… Lo que no sé si es algo en lo que me fui entrenando o si se trata de poder manejar una bonhomía que tengo naturalmente. Por supuesto que la procesión va por dentro y que hay miles de puntos oscuros, en el fondo, eso está en la sangre. Mi vieja era una mina que iba mucho al frente, muy dura, pero mi viejo es más tranquilo: tiene un “city zen” interno. Pero en mi caso no es algo premeditado… Lógicamente, uno proyecta mucho más si quiere ser amable y caer bien, porque si no, es como es ser careta al revés : voy a tratar de no ser amable, o de hacerme el despreocupado, como si no me interesara nada, así doy más cool.
Si hay algo que no me preocupa es el aspecto cool.

¿Eso también define tu música?
Creo que sí. Si vas a un recital nuestro vas a ver un público muy variado: están las madres con sus hijos adolescentes que todavía no se revelaron (risas), están los rebeldes que van solos… Y a la vez es un público bastante poco “in”. Eso me gusta.

Dos años atrás, la explosión de Down With My Baby,el tema principal de la telenovela Resistiré, provoco un ascenso repentino en tu carrera. ¿Cómo influyó esta situación a la hora de trabajar en un nuevo disco?
Fue raro… Al principio no entendí bien qué estaba pasando, pero hacia fines de ese año me di cuenta de que era muy bueno todo lo que había sucedido con Resistiré, una telenovela que rompió con los moldes tradicionales del género. A diferencia de los brasileños, que son mucho más relajados –incluye un tema de Caetano Veloso en una tira y está todo bien-, en el Cono Sur somos muy prejuiciosos con esas cosas. Y me incluyo.

¿Cuál era tu prejuicio?
Venía de laburar en un ambiente medio de culto, con un público que se estaba afianzando paulatinamente, y me rayó un poco pensar que la gente podía llegar a quedarse con la percepción de un solo tema: mi miedo era que no se captara el resto del disco. Mas tarde me di cuenta de que, en realidad, estaba buenísimo: si alguno no se enamoraba de esa canción, después iba a ir a averiguar cómo eran todas las demás. También hubo un trasfondo de orgullo: en principio, los cortes de difusión iban a ser Sur o no Sur o Daisy, jamás se me hubiera ocurrido salir con un tema en inglés. Y es raro, porque es un principio con respecto a la percepción. Quería evitar que alguien pudiera pensar: Este gringo viene acá a robar

Tus letras no se ajustan a la forma tradicional de escribir canciones: tienen muchos juego con los significados que permiten la combinación de diferentes idiomas…
Como todo cancionista, creo en la sonoridad de la palabra: dos palabras juntas te definen si la linterna va a llevar al oyente a un lugar completamente diferente. Me planteo lo mismo cuando suena un violín, una trompeta o un piano: cada instrumento pone a cada cual en un lugar distinto. Las letras tienen algo muy similar: el juego de las palabras es un laburo exhaustivo y profundo, tiene miles de variables, y lo interesante es que lo podes llevar para cualquier lado. Me gusta celebrar las contradicciones y lo complejo que somos… Entonces, se me ocurren ideas como las de Desde que te perdí,del disco nuevo: Desde que te perdí, esta todo bárbaro. no creo que ese humor mínimo que han tenido todos los grandes, desde Charly a Bob Dylan, sea un sentimiento para despreciar. Porque el humor es un sentimiento, tanto como el amor, las dudas o los celos. Estar jocoso es valido…

Pero cual es el limite entre la ironía o el chiste fácil? Una de las cosas que mas se te critica es uso de la broma como recurso…
El limite es que, si es bueno, no se agota nunca: los chistes de Jaimito, por ejemplo, que todos contamos y seguimos contando por que son divertidos. Pienso mucho en la perdurabilidad de la canción; si contiene un chiste o un guiño irónico tiene que tener cierta inmortalidad.

En tus discos hay muchas mezclas de géneros, algo que sugiere que sos muy abierto musicalmente. ¿es tan así?
No (risas). Soy bastante cerrado… En general, les doy poco calce a los discos nuevos, incluso a los de los músicos que me gustan. Descreo de “lo último”. Por ahí pasa que me engancha un tema… y después, poco a poco, la tercera o la cuarta vez que lo escucho, digo: “ıAh, este otro tampoco está mal!”, y así me voy habituando al sonido y a la intención. Muchos de los discos que más me gustan me “cayeron” a la quinta escucha.

Empezando por la tapa, City Zen propone una impronta porteña, casi un método para vivir en Buenos Aires…
Sí. Desde que volví, hace cuatro años, me di cuenta de que Buenos Aires es una ciudad heavy, una ciudad que tiene su dureza. En Buenos Aires Antisocial Club, el tema en el que participa Fernando Cabrera y que está en el nuevo disco, hay una ironía muy profunda con respecto a eso.

Además de Cabrera, en City Zen participan otros uruguayos como Rubén rada y Jorge Drexler. ¿Te sentís identificado con la canción rioplatense?
Sí, además viví allá durante casi dos años. Hay gente que me dice que en Uruguay tienen más aprecio por el arte del cantautor. Allá hay más costumbres para todo…

En principio, City Zen parece ser un disco más oscuro que los anteriores.¿Lo ves como una reacción frente al reconocimiento de Sur o no Sur ?
No sé, no lo tengo muy claro. La reacción inicial al éxito pasó por pensar: “Si esto, que fue la libertad absoluta estilísticamente y el empezar a tener menos tapujos con uno mismo, funcionó, entonces no hay necesidad de cambiarlo”. Como dicen los yankis: “If it ain´t broke don´t fix it” (“Si no está roto, no lo arregles”). Así que lo primero que decidí fue no intentar hacer doce Down With My Baby sino seguir empujando mis propios limites.

En algunos pasajes de City Zen, las canciones manejan un segundo plano donde se nota algo bastante denso…
Puede ser que tenga una combinación de factores personales relacionados con la muerte de mi vieja cuando estaba grabando Sur o no Sur. Tal vez, no se reflejó tanto en ese disco porque ya estaba escrito, pero en City Zen se nota más.

Viviste en New Cork por 10 años.¿Tuviste algún período sórdido, esos momentos en que decis “esta todo mal…” ?
Sí, varios… Me fui a los veintipico a ver qué pasaba con mis historias y termine viviendo situaciones muy raras. Tuve que trabajar de miles de cosas, estaba casado y había que mantener el hogar. Vendí videos por la calle, trabaje en un hotel, de barman, haciendo desayunos y buffets. Paralelamente, tocaba los martes a la noche en CBGB´S, en plena primera guerra del Golfo, para cinco amigos, mi mujer y diez más que estaban por ahí. En el 93 me separé y estuve bastante cajoneado, aunque fue una situación buscada por mí. Empecé a trabajar en las Naciones Unidas, que fue una especie de oasis laboral.

Por lo que contás, te fuiste en la época de Rey Momo, el disco más “latino” de David Byrne, una referencia inevitable para referirse a tu música.
Vi a David Byrne con Rey Momo acá, justo antes de irme, creo que en Obras en el 90. Y me encantó, claro. Pero en realidad en esa época prefería a Sumo: me fascinaba ver una banda que no le importaba jugar con el inglés y el castellano. Me acuerdo de haber pensado: “ıQué huevos! ıQue bueno poder hacer eso!” Yo también componía en inglés, pero me daba vergüenza mostrarlo. Lo gracioso es que cuando llegue a New York me pasó al revés: allá me daba vergüenza contar en castellano.

Luca Prodan también les ponía mucho humor a sus canciones, más que nada a aquellas cantadas en castellano como, Mi Bandera. ¿Pensás que se te critica lo mismo que nunca se le criticó a un grupo tan respetado?
Seguro. Igual hay que tener cuidado, no es que yo sólo use el humor en mis canciones en castellano. Si un inglés escucha All I Want To Do Is You, el tema que abre el disco, por ejemplo, lo primero que va a hacer es largar una carcajada: el título ya es una broma. En inglés, “do” es cogerse a alguien; el juego de palabras es “todo lo que quiero hacer sos vos” y a la vez “te quiero coger”. Partiendo de la supuesta sobriedad que tiene el tema y todo eso, el fetiche es muy gracioso. Pasa en muchos planos, podes cambiar una entonación, ni siquiera te estoy hablando de una letra y eso ya quiere decir otra cosa.

A pesar del éxito de Sur o no Sur y de la buena aceptación que esta teniendo City Zen, seguís siendo un tipo discutido…
Sí, pero me parece que es un “ladran, Sancho” importante. Está bueno ser medio discutido y a la vez medio ineludible: “como ya no podemos ignorarlo, le damos…”. Está bueno. Por un lado, siempre es válido generar cierta discusión alrededor de un artista, aunque ojalá que con el tiempo pueda ser un ídolo indiscutido (risas). Confio mucho en lo que vengo haciendo y siempre fui de hacer hincapié en la originalidad. Creo mucho en la frase “ no imiten a sus ídolos”: soy partidario de tener influencias, pero jamás me voy a poner a cantar imitando al Flaco Spinetta, a Caetano o a Leonard Cohen. Cuando estoy escribiendo una canción y digo “¡Uy, parece un tema de Coldplay o de Pink Floyd!”, me rajo y me tiro para el otro lado. La originalidad es el ultimo bastión de los cantautores… Hay tanta copia y tanto producto que esta diez mil veces que el tuyo, y si no sos mas diferente, no tenes nada. También está la cuestion de que “el que no arriesga no gana” . En ese sentido pienso que si lo que haces molesta o provoca algo, entonces esta bueno. Porque lo unico que nos tranquiliza son las cosas que nos suenan familiares. Y eso es algo q sucede tanto con la musica como con la tele. ¿Viste que con la televisión uno se relaja un poco? Decis: “Vamos a cagarnos de risa de la boluda esa”; después cambias y decís: “Este también es un pelotudo”. Pero en el fondo, lo único que estas haciendo es regodearte en la mediocridad del otro.

¿Te costó encontrar esa originalidad de la que hablas?
Si, es difícil, sobre todo para una persona que se mudó tanto como yo. ¿Viste cuando te dicen “sé vos mismo”? Bueno, ¿quién carajo soy? Con semejante crisis de identidad que he tenido… Alguna vez, alguien me dijo: “Uno es de donde pasó su adolescencia”. Y mis primeros amores, mis primeras decisiones importantes, ocurrieron acá. También mis primeras bandas fueron acá…

¿Como van a ser los shows para la presentación de City Zen?
Tengo ganas de hacer algo raro, diferente, pero con todo lo que pasó, no sé bien en qué va a terminar la cosa. La idea es que estén los invitados del disco, de Vicentino a los uruguayos y los amigos de siempre, pero la verdad es que me tengo que poner las pilas: a fines del año pasado ya me pasó de no avisar con tiempo y al final estábamos todos laburando a full y nadie tuvo ganas (risas). Pero me atrae mucho el hecho de volver a la carga con City zen después de las vacaciones: tengo la sensación de que, si se le da la oportunidad, es un disco de larga vida.

 

Oscar Jalil

 
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