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Logo o no logo, ésa es la cuestión
La semana próxima se editará el cuarto álbum del músico, Logo , y a fin de año su continuidad , Jogo
"Si no tiene logo, falta poco", canta Kevin Johansen en su nuevo disco. Tanto el álbum como la canción se llaman " Logo" , y más allá del aire brasileño de ese primer tema, se esconde la observación de la realidad de un autor "desclasado", "desgenerado", un tipo que marcha tranquilo sin mochilas sobre sus espaldas y que, a horas de que su cuarto disco se edite, ya no tiene que dar explicaciones sobre su procedencia artística.
Se lo nota tranquilo a este argentino nacido en Alaska, que tuvo un paso fugaz por el rock local de los 80 con Instrucción Cívica y que vivió toda la década del 90 en Nueva York. Es martes, la lluvia ya no es un problema y la sonrisa de Kevin lo dice todo. El hombre ya hizo su trabajo, registró no uno sino dos discos con su banda The Nada y se dio el gusto de invitar a un seleccionado de músicos hispanoamericanos como Andrea Echeverry, Amparanoia, Albert Plá, Paulinho Moska, Alejandro Terán, Dani Buira, Minino Garay y Ramiro Musotto. Una hora antes de encontrarnos con él escuchamos Logo y como la primera impresión es lo que cuenta, nos quedó el sabor de un trabajo sólido, contundente. Aquí el "Piojo" Johansen propone un recorrido imaginario por el Río de la Plata, Brasil, el Caribe, Estados Unidos y España; vuelve a cantar en castellano, en inglés y en ambos idiomas a la vez -además del portugués, junto a Moska- y aprovecha para tratar con ironía, humor e inteligencia temas como la invasión de los logos, la falsa modernidad, los clichés y esa especie extraña: "El rollinga".
"Logo", por lo fuerte, debía ser el track 1 y el título del disco. ¿No?
-No sé bien cómo surgió la idea de Logo como algo predominante pero tuve la sensación de estar presenciando un momento muy logo y una generación, la de los pibes de veintipico, con la flechita de Nike, el gorrito de lo que fuere y el alto consumo de logos. Encima, los representan y les hacen publicidad gratis. En la canción hay un portuñol y me parecía que estaba bueno jugar con la secuencia logo, luego, después, ya es tarde, ya fue. Es así, no podés seguir el tren. El arte del disco es de Liniers y charlando con él buscábamos hacia dónde ir. Adentro estoy vestido con un traje de piloto de Fórmula 1 y tenía la idea de poner un montón de logos en él. Después dije, «¿Y si no va ninguno?». ¡No logo! Fuimos llegando a esa idea y también respecto a la palabra y a su sonoridad. Un logo puede ser una obra de arte pero, a la vez, es un envase, una cosa superficial y una bella mentira. Un hermoso logo que, por ahí, representa una planta nuclear o una fábrica que en realidad es un salón del sudor, donde les pagan a los tailandeses 30 centavos por día. Y esa hermosa mentira esconde falencias humanas, imperfecciones que no se ven, porque el logo es perfecto.
En las charlas con Liniers surgió el dirigible para ilustrar la tapa del álbum. Saludable, en ascenso, así se lo podrá ver en la cubierta de Logo . En el reverso, ese mismo zepelín se dirige, en picada, hacia el impacto irremediable con el suelo y con la realidad. En su interior hay 17 canciones, con títulos como "Susan Surrender", "Ese lunar", "Fantasmas de carnaval", "Por las ruas pelas calles", "Chica rollinga" y "S.O.S. tan fashion (emergency!)". Pero también hay otras que quedaron en la bandeja de salida, listas para conformar otro disco. "Traté de ser concreto con Logo y dejé afuera los temas más dicharacheros, con la intención de editarlos a fin de año. Al segundo le iba a poner Paso básico , porque tiene un aspecto más infantil, pero al final quedó Jogo , para seguir el juego con el portuñol."
-Proponés un recorrido geográfico por las músicas que interpretás, como siempre, sin remitirte a los supuestos purismos.
-Sí, está el Río de la Plata, Brasil, el Caribe, algo yanqui y los invitados que fueron saliendo. Con algunos pegamos onda cuando vinieron a Buenos Aires, como Albert Plá y Amparanoia; me crucé un par de veces con Andrea Echeverry y surgió la posibilidad de hacer un tema y con Paulinho ya hay una amistad.
-Es tan fuerte tu imagen de canta-autor, así, por separado, que algunos te emparentan con un estilo más definido.
-Yo digo siempre, en todo caso, que soy un canta-actor. Voy aprendiendo lo que no quiero hacer, como caer en el lugar del rockero demagogo o en el del cantautor solemne. Les temo a las dos cosas mucho, sobre todo al cantautor solemne, "ojo que acá estoy yo y voy a decir algo importante". Esa situación me aterra, no quiero tener tanta razón. Quizás haya sido adrede en varios de los discos tener partes más dicharacheras, pero hay un trasfondo. En el disco Sur o no Sur mencioné la frase de Mark Twain, "el problema con el humor es que nadie lo toma en serio" y hay un trasfondo con la ironía que mucha gente no sabe captar. Yo creo que cuando aplico la ironía como en "Chica rollinga", te podés reír, pero también vas a detectar qué hay más allá. Ese tema es un ejemplo, los rockeros acusan a los cumbieros de cuadrados, pero hay algunos rockeros que son tan cuadrados como los cumbieros.
-El "rollinga" es de otro planeta. Y encima es de uno que los Stones nunca habitaron.
-Mirá, cuando volví a la Argentina, en 2000, fui varias veces a Metrópolis (la bailanta de Palermo), porque me daba curiosidad. Notaba que había habido un cambio social que yo me perdí porque del 90 al 99 viví en Nueva York. Y me cayó la ficha: "¡Ah! Nos hemos latinoamericanizado". Yo creo que para bien. Bueno, en la bailanta veías a conchetitos y conchetitas bailando cumbia junto a los pibes cabeza y de ahí salió la letra de "Chica rollinga". Ahí es donde quizá sirve ser un poco sarcástico.
-¿Vas tomando nota de las cosas que te llaman la atención o directamente te sentás a componer?
-Voy componiendo y soy muy titulero. Salen títulos como "Chica rollinga" o "Sos tan fashion", la cuestión de la modernidad también aparece en el disco. Lo que es "in" y lo que es "out" en Buenos Aires me parece fascinante. En Nueva York es lo mismo, en las grandes urbes siempre hay cierta cantidad de gente que es muy fashion y en Buenos Aires lo que me pasa es que la gente que se autoconsidera moderna me parece bastante antigua. Por eso la letra dice, "sos tan facho, siempre de uniforme, tu voluntad es enorme; tu moderno es tan antiguo y tu odisea en el espacio es tan 2001. Terminó". Esa cosa no la entiendo, futurista es tratar de entender este planeta. Liniers me decía, en chiste, que entonces yo era un sociólogo frustrado. Y el disco tiene bastante que ver con eso, con observar este momento del mundo, del país, criticarlo en algunas cosas y adorarlo en otras, porque hay muchísima belleza y creatividad, a la vez mezclado con chatura, repetición y clonación.
-La mayoría de las canciones tiene bastante letra. ¿Todas son posteriores a City Zen ?
-No, algunas son muy recientes y otras quedaron en el tintero desde mucho tiempo atrás. "Susan Surrender" (con la actriz Susan Sarandon como musa) fue algo que surgió cuando me estaba volviendo a la Argentina, en 1999. En inglés es muy divertido el juego de palabras entre surrender y Sarandon, porque se pronuncian casi igual. Es un tema que tiene un trasfondo que habla del abuso verbal, especialmente de la mujer para con el hombre. No se habla mucho de ese tema, de la mujer que está meta "ñácate, ñácate" al tipo en su casa y de cómo los tipos soportamos ese abuso verbal desmedido. Y, obvio, va del tipo a la mujer también que, lamentablemente, suele ser físico. Pero me parecía un tema muy interesante para hablar bajo un halo de ironía.
-¿En qué etapa te sorprende el nuevo disco?
-Sigo sorprendido por todo lo que sucedió, porque durante bastante tiempo no sabía cómo iba a resultar todo esto. Ahora, en retrospectiva, me doy cuenta de que los años subterráneos en Nueva York, en el CBGB fogueándome, grabando de un modo muy indie, me sirvieron muchísimo para tener con qué arriba de un escenario.
-¿Te quedó material de esa prehistoria?
-Sí, tengo unas rarezas grabadas en el CBGB, cosas filmadas en 16 mm. En algún momento pensé en hacer como The New York Years . Tengo grabaciones del 91 al 98, hay que ver qué material perduró más por la tecnología. También hay canciones que paulatinamente van viendo la luz en los discos, como "Down Is My Baby", que es del 97, y ahora "Susan Surrender" y "Funny Face", un tema del 93 al que recién ahora le encontré la vuelta.
Sebastián Espósito
Foto: Mariana Araujo
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